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Con profunda fe, hagamos el bien a toda persona: Arzobispo Pedro Vázquez V

Oaxaca de Juárez, Oax., 26 de Marzo, 2023.- En el marco del Cuarto domingo de Cuaresma, Monseñor Pedro Vázquez Villalobos, pidió en Santa Misa, celebrada en la Catedral Metropolitana, a todos los feligreses amar a Dios con todo el corazón y fuerzas porque el siempre estará al lado de nosotros. En acción de gracias por todos los niños, el eterno descanso de Juanita Espinoza a un año de su partida material y de todos nuestros hermanos difuntos; por todos los bienhechores, médicos y enfermeras, pidió también por los sacerdotes y la salud de todos nuestros hermanos.

En sus intenciones, Vásquez Villalobos, se unió a todas las intenciones y pidió a Dios perdone nuestros pecados. “Confiemos en el Señor y en su palabra, no vivamos en forma desordenada y egoísta”, añadía.

Monseñor, cuya ordenación sacerdotal en 1979 y desde el año 2018 es Arzobispo de Antequera Oaxaca, en reflexión al Evangelio, según San Juan, agregaba: Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque haya muerto vivirá y todo aquel que está vivo y cree en mí no morirá para siempre”.

En este recinto sagrado, en el cual los feligreses escucharon la palabra de Dios, la cual da cuenta de la vivencia del Señor Jesús con su amigo Lázaro, quien había fallecido cuatro días antes y ante la muchedumbre que le rodeaba Jesús dijo: “Lázaro sal de ahí y salió envuelto, atado con vendas con las manos y los pies y la cara envuelta en un sudario”. Jesús dijo: “Desátenlo para que pueda andar” y al ver esto muchos de los judíos que habían ido a casa de Juan y de María al ver lo que había hecho Jesús creyeron en Él”. Palabrea del Señor.

En la liturgia dominical que fue escuchada con mucha atención, devoción y fe hizo una reseña de éstos cinco domingos antes de Cuaresma, antes de llegar a la Semana Santa. El primer domingo de la Cuaresma el Evangelio que se nos presentaba era de las tentaciones que el Señor tuvo cuando estuvo ayunando 40 días y 40 noches. Nos enseñó que las tentaciones se vencen con oración, penitencia y ayuno. Nosotros, añadía, debemos responder a las tentaciones con la palabra de Jesús.

El segundo domingo meditamos en el acontecimiento de Pedro y Santiago junto con Jesús cuando Él se transfiguró en su presencia. La enseñanza es: Que para llegar a la gloria hay que pasar por la muerte en la cruz los que somos sus discípulos. No reneguemos de los sufrimientos, del dolor y todo lo que nos pasa, aprovéchenlo que sean momentos de unificación y esperanzan para poder llegar a la gloria de Dios.

En el tercer domingo el Evangelio nos presentaba el encuentro de Jesús con la mujer samaritana. El Señor le decía: “Yo soy la fuente de agua viva, el que viva de esta agua nunca tendrá sed”. Calmemos nuestra sed de esa fuente de agua viva que es nuestro Señor pero a la vez el Señor nos dijo que nosotros seamos fuente de agua viva y por eso tenemos que calmar la sed de nuestros hermanos, la sed del amor, la comprensión y la paciencia. A veces nuestros hermanos nos necesitan, estemos con ellos porque a lo mejor lo que necesitan es que alguien les escuche; ayudémosles en su sufrimiento, dolor y amargura de la vida.

En el cuarto domingo, el Evangelio nos presentó la curación del ciego de nacimiento. Y, este último hablaba de Jesús, primero como un hombre, después como un profeta, después como Señor y al último se postró ante Él ante tanto cuestionamiento sobre haber recuperado la vista. “Yo soy la luz del mundo, el que me siga no anda en tinieblas, tendrá la luz del mundo”. Busquemos la luz en Jesucristo, movidos por la fe que Cristo Dios nos regaló el día de su santo Bautismo como un don, como una gracia especial; ustedes tienen la capacidad de creer, esperar y amar desde el día de su Bautizo porque Dios le regaló fe, esperanza y caridad, agregaba.

Hoy nuestro Señor se presenta diciéndonos: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque haya muerto vivirá”. Nos presenta el Evangelio el momento en que Lázaro sale del sepulcro. No perdamos la esperanza en Dios al que le hablamos y le pedimos, sabemos que nos ama, no dudemos nunca de su amor. Hagámosle nuestras peticiones y Él nos dará lo que necesitamos y sus bendiciones.

Él nos escucha, no desconfiemos, tengamos esperanza; Somos templos vivos del Espíritu Santo, Dios está dentro de nosotros, en nuestro corazón, en nuestros momentos de dolor, lágrimas, tristeza y soledad no nos sintamos solos Dios está dentro de nosotros con su presencia. Tengamos la vivencia de fe y de esperanza. 

Pidamos al Señor nos levente y renueve, que quite esas piedras que están estorbando al sentir la alegría, el amor, la misericordia, la bondad, el servicio, la amabilidad, el respeto y el valorar lo que somos. Pidámosle quite en nosotros esa loza que no nos deja ser misericordiosos, compasivos, amables, generosos, serviciales, amorosos, prudentes, para ser hombres vivos y que día a día resucitemos a una vida nueva para tener vida, alegría, gozo, paz, justica y amor.

Tenemos, puntualizó, una semana para prepararnos espiritualmente a vivir los grandes misterios de nuestra salvación, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo que viviremos la próxima semana, iniciándola dentro de ocho días con el Domingo de Ramos, disfrutemos en la fe todo lo que hizo nuestro Señor para alcanzarnos la vida y la reconciliación con Dios. “Hagamos el bien a toda persona, imitemos a nuestro Señor, quien pasó por la vida haciendo el bien, vivamos cada semana con profunda fe y renovemos y resucitemos como hombres nuevos con la gracia y voluntad de Dios”. Que así sea.

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